domingo, 7 de junio de 2015

Los prisioneros alemanes de la URSS

Los alemanes apresados en la URSS reconstruyeron ciudades destruidas por ellos mismos, vivieron en campos e incluso cobraron por su trabajo. 10 años después del final de la guerra, los ex soldados y oficiales de la Wehrmacht se encontraban intercambiando navajas por pan en obras soviéticas.

Autor: Aleksey Rudévich
Traducción de Antonio Airapétov
Original


Durante mucho tiempo no se habló de la vida de los prisioneros alemanes en la URSS. Todos sabían que efectivamente existían y hasta trabajaban en obras soviéticas, inclusive la edificación de rascacielos moscovitas (como la Universidad Estatal de Moscú), pero sacar el tema de los prisioneros alemanes en público estaba considerado de mal gusto.

Para abordar esta cuestión, es necesario, en primer lugar, aclararse con los números. ¿Cuántos prisioneros de guerra alemanes hubo en el territorio de la Unión Soviética? Según fuentes soviéticas, 2.389.560. Según fuentes alemanas, 3.486.000. Esta importante diferencia (un desfase de casi un millón de personas) se explica por la nefasta gestión del recuento de prisioneros y por el hecho de que los alemanes preferían camuflarse con otras nacionalidades. El proceso de repatriación se prolongó hasta 1955 y los historiadores estiman que aproximadamente 200 mil prisioneros fueron incorrectamente documentados.

La vida de los prisioneros alemanes fue radicalmente diferente durante y después de la guerra. Se entiende que durante la guerra en los campos de prisioneros imperaba un ambiente duro, la lucha por la supervivencia. Las personas morían de inanicion y no eran infrecuentes los casos de canibalismo. Para mejorar, aunque fuera en lo más mínimo, su suerte, los prisioneros se esforzaron por demostrar, por todos los medios posibles su no pertenencia a la nación titular de los agresores fascistas.

Algunos disfrutaron de ciertos privilegios: italianos, croatas, rumanos. Incluso tenían la oportunidad de trabajar en la cocina. La distribución de alimentos no era ecuánime. Se producían asaltos a los repartidores de comida, a raíz de lo cual los alemanes empezaron a proveer a sus repartidores de escoltas. En todo caso, hay que decir que, por muy duras que fueran las condiciones de vida de los prisioneros alemanes, no hay grado de comparación con las condiciones de los campos alemanes. Según datos oficiales, en el cautiverio fascista fallecieron el 58 % de los rusos capturados, mientras que solo el 14,9 % de los alemanes murieron en los penales rusos.

Está claro que el cautiverio no puede ni debe ser agradable, pero hasta el día de hoy se viene debatiendo si las condiciones en que fueron mantenidos los prisioneros alemanes eran demasiado blandas.

La ración diaria de un prisionero consistía en 400 gramos de pan (a partir de 1943, hasta 600-700 gramos), 100 gramos de pescado, 100 gramos de grano molido, 500 gramos de verduras y patatas, 20 gramos de azúcar, 30 gramos de sal. Para generales y prisioneros enfermos había ración aumentada. Claro que solo son números. En la realidad, en tiempo de guerra, rara vez se repartía la ración íntegra. Los alimentos faltantes podían simplemente ser sustituidos con pan y la ración con frecuencia se recortaba, pero nunca hubo tortura de hambre intencionada en los campos soviéticos respecto a los prisioneros alemanes.

Por supuesto, los prisioneros trabajaban. Mólotov pronunció en una ocasión la histórica sentencia, según la cual ningún prisionero alemán volvería a su patria hasta que Stalingrado fuera reconstruido.

Los alemanes no trabajaban por un mendrugo de pan. La circular del NKVD [más tarde, KGB — NT] ordenaba una paga para los prisioneros (7 rublos para los rasos, 10 para los oficiales, 15 para los coroneles, 30 para los generales). También había una prima para trabajadores destacados: 50 rublos al mes. Parece increíble pero los prisioneros incluso podían recibir cartas y giros enviados desde su tierra. Asimismo se les repartía jabón y ropa.

Los prisioneros alemanes, siguiendo el mandamiento de Mólotov, trabajaron en numerosas obras de construcción en la URSS y fueron empleados en granjas colectivas. Su actitud respecto al trabajo fue, en muchos sentidos, ejemplar. Viviendo en la URSS, los alemanes aprendieron activamente la jerga laboral y estudiaron el idioma ruso, pero nunca llegar a entender el sentido de la palabra chapuza. La disciplina laboral alemana se hizo proverbial e incluso dio lugar a una especie de meme: «¡Cómo no! Si lo construyeron los alemanes...!»

Muchas veces se ha dicho que la práctica totalidad de los edificios de pocas plantas fueron levantados por alemanes, aunque eso no es muy exacto. También es solo un mito el que los edificios construidos por alemanes se levantasen siguiendo diseños de arquitectos alemanes. El plan general de reconstrucción y edificación urbanística fue desarrollado por arquitectos soviéticos, tales como Schúsev, Simbírtsev, Iofán y otros.

Los prisioneros alemanes no siempre se sometieron sin rechistar. Hubo fugas, motines, levantamientos. Entre 1943 y 1948 huyeron de los campos soviéticos 11.403 prisioneros de guerra. 10.445 fueron detenidos y solo un 3 % consiguió escapar.

Uno de los levantamientos se produjo en enero de 1945 en un campo de prisioneros próximo a Minsk. Los prisioneros alemanes, descontentos por la mala alimentación, levantaron barricadas en los barracones y tomaron a guardias de rehenes. Las negociaciones no llevaron a buen puerto y los barracones fueron bombardeados por la artillería con el resultado de 100 muertos.

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