martes, 27 de octubre de 2015

Cuando el hábito hace al pope


Al hablar de la organización interna de la Iglesia Ortodoxa Rusa, se la compara muchas veces con una corporación. Sin embargo, en opinión de quienes se encuentran en un contacto más inmediato con la actividad económica de la Iglesia, el concepto que mejor la define es red de franquicias. Vasili Chernov entrevista a este respecto, para el portal Lenta.ru, a algunos eclesiásticos rusos directamente implicados en la vida económica y financiera de la entidad.



A continuación aparecen recogidas las opiniones del arcipreste Piotr, vicario en una de las demarcaciones del obispado de Moscú; el archimandrita Iov, responsable de la administración económico-financiera en uno de los obispados de la Rusia central; y el arcipreste Aleksandr, párroco de un importante templo, vicario y exresponsable de uno de los departamentos del obispado de San Petersburgo. Los nombres de los entrevistados han sido cambiados a su petición.

Original

Parece que la religión pierde el calor de la hermandad espiritual que tuvo antaño y sus símbolos se convierten en una marca.

Arcipreste Piotr: La comunidad religiosa tiene una vida más larga que la de una simple familia humana. Donde antes todo era autoevidente ahora hay que formular y explicar. Las explicaciones se codifican, las costumbres se convierten en reglas y mandamientos. Aparece una cultura religiosa. Nacen símbolos que se convierten en elementos perennes e irremplazables de la cultura religiosa. Esos símbolos son, en esencia, elementos de la marca. Cumplen a la perfección con su función principal: distinguir la religión, creando para ella una imagen única y reconocible tanto por amigos como por enemigos. Así Dios se convierte en la base para una red de franquicias.

¿Franquicias en la Iglesia?

Archimandrita Iov: Sí, exactamente eso. Arriba está la administración del patriarca. Pero a los ojos de la élite política y económica local, que no se rebaja a tratar con el clero parroquial, son precisamente los obispos quienes aparecen en el papel de comercializadores de la franquicia eclesiástica.

Arcipreste Aleksandr: A nivel regional, el obispo es el representante eclesiástico más importante para las autoridades o los grandes negocios. Puede llegar a un acuerdo con el gobernador sobre la transmisión de un patrimonio o persuadir al propietario de una importante compañía de que asuma la financiación del seminario. Con frecuencia, asimismo, dirige la catedral y varios monasterios.

Es decir, siendo franquiciados del mando superior de la Iglesia Ortodoxa Rusa, ¿los obispos son, al mismo tiempo, distribuidores regionales de la franquicia eclesiástica? Porque son precisamente ellos quienes nombran a los sacerdotes parroquiales.

Pero no actúan de forma directa sino por medio de vicarios, sacerdotes que tienen encomendada la supervisión de los templos y del clero en un determinado territorio. El vicario es un eslabón de gran importancia. Los obispos no se ocupan personalmente de los asuntos de cada parroquia en particular, lo dejan en manos de los vicarios. Precisamente de su habilidad para extraer recursos de los párrocos dependen las finanzas del obispado. Los vicarios no pueden, claro, nombrar o destituir párrocos, es un privilegio que corresponde a los obispos. Pero sí intenta influir en esos nombramientos. Para un vicario es de vital importancia que el párroco sea una persona de fácil trato para él.

Si los párrocos obtienen ingresos, ¿el sistema de franquicias estipula que se deben pagar regalías?

Naturalmente. Cada parroquia (es decir, cada párroco) remite al obispado en torno a un 25 % del total ingresado. Este porcentaje puede variar de un obispado a otro pero viene a ser aproximadamente la cuarta parte de todo lo que la gente lleva al templo. Sin embargo, las autoridades episcopales continuamente reclaman de forma extraoficial pagos adicionales. Al párroco simplemente se le da un número: se necesita tanto para el monasterio, tanto para el cónclave juvenil episcopal, tanto para obras en la catedral... Y una visita del obispo a la parroquia supone una devastación total. Incluso a una parroquia menor le puede salir por aproximadamente un millón de rublos. Todo sale del presupuesto parroquial, inclusive los regalos del obispo a los feligreses. Es decir, los feligreses se hacen regalos a sí mismos. Y por supuesto, el obispo, su séquito e incluso los subdiáconos se llevan sus sobres.

Arcipreste Piotr: Y si tan solo fuera del presupuesto parroquial... En realidad también echan mano de los salarios de los sacerdotes. Para ello existen diversos fondos. Los sacerdotes deben ingresar en ellos una parte importante de sus ingresos personales, de sus salarios. Y no solo ingresarlos sino también rendir cuentas al vicario recibo en mano.

Pero también están los grandes patrocinadores, importantes hombres de negocios. ¿O la posibilidad de relacionarse con ellos también forma parte de la franquicia por la que los sacerdotes deben pagar regalías?

Arcipreste Aleksandr: Normalmente las grandes donaciones son finalistas, por lo que no son gravadas con el impuesto episcopal. Se supone que no se dona el dinero sino una cosa: un automóvil, las campanas, un retablo... Sin embargo, si tiene usted un patrocinador importante, prepárese para compartirlo. El vicario le pedirá que le presente al generoso hombre de negocios o simplemente le dirá: «Tiene usted un amigo acomodado. ¿No podría hacer una aportación al obispado para todo el decanato?» Todo esto a un nivel informal, claro, y en función de la capacidad de las partes para presionar y resistir presiones.

El sistema de franquicias con frecuencia también supone que el producto llega en exclusiva desde los almacenes del franquiciador. ¿Es lo que pasa en la Iglesia?

Arcipreste Piotr: Sí. Las parroquias deben adquirir las velas y los artículos religiosos a los fabricantes del patriarcado, especialmente a la empresa Sófrino. Muchos obispos obligan a proveerse incluso de los libros para la tienda parroquial a través del obispado. Y hasta llegan a establecer cuotas: tal parroquia, por ejemplo, debe asumir la comercialización de libros del almacén episcopal por valor de 300 mil al mes. Claro que estas recomendaciones no siempre se cumplen. No les interesa a los sacerdotes. Además los terceros fabricantes no siempre son tan terceros (con frecuencia son grandes monasterios e incluso parroquias). Y a fin de cuentas es difícil llevar un control.

¿A quién sirve todo este mecanismo? ¿Quién es el principal beneficiario?

Archimandrita Iov: Este mecanismo es rentable, en primer lugar, para la dirección eclesiástica y los obispos. Con contadas excepciones, no suelen gastar nada en la apertura de nuevas parroquias. La iniciativa siempre parte desde abajo: se envía una súplica al obispo y este se limita a bendecir todo el proceso y a enviar un sacerdote. La localización del terreno, captación de patrocinadores, las negociaciones con las autoridades locales... todo es llevado por el nuevo párroco. El obispo normalmente no ayuda de ninguna forma, no presta ni siquiera un apoyo moral, por no hablar del económico. Aunque no tarda en recoger los beneficios de la empresa. Además el obispo no asume ningún riesgo. Si el sacerdote no consigue salir adelante o resulta inmoral y la Iglesia ve peligrar su reputación, enseguida se reniega de él: «No es de los nuestros, desde ayer está vetado y nosotros no tenemos nada que ver.»

Arcipreste Aleksandr: Pero tampoco hay que exagerar con el beneficio económico. Con contadas excepciones, el ordenamiento sacerdotal no trae montañas de oro, aunque tampoco se pasa hambre. La gran mayoría de los sacerdotes eligen este camino de forma totalmente sincera y lo siguen por su voluntad de servir a Dios y a las gentes. Además hay una motivación social: el padre siempre está en el centro de atención, es querido y escuchado. Tiene capacidad para acumular recursos económicos y humanos para asuntos que considera importantes. En el ámbito seglar hay que estudiar durante mucho tiempo y recorrer un largo camino para poder alcanzar una posición semejante a la que se consigue casi enseguida en la Iglesia. La comparación con el sistema de franquicias es muy acertada: el hábito hace al pope.

¿Y a los seglares? ¿Les parece bien?

Arcipreste Piotr: Para la mayoría es cómodo. Muchos de los que van a la iglesia no buscan relacionarse con Dios, lo que buscan es magia. La prédica del Evangelio no solo no les interesa sino incluso provoca reacciones adversas. Este sistema sirve precisamente para satisfacer la demanda más elemental de «servicios religiosos». Luego hay un sector minoritario, un escaso porcentaje de parroquianos que asisten con regularidad a la iglesia, que no lo ve con buenos ojos pero es completamente leal: «Si las cosas son así, es que así deben ser.»

Archimandrita Iov: Este último factor es extremadamente importante para la más alta dirección eclesiástica, el patriarcado y su administración. Porque precisamente la gran masa de los que «se pasan» por la iglesia es lo que permite a la jerarquía eclesiástica intervenir en nombre de la gran mayoría de la población en cuestiones de fe, moralidad y a veces incluso en la cultura y la política. En realidad, también son regalías, no menos importantes para la jerarquía que las transferencias «desde abajo». Porque el peso político es la llave para captar fondos «desde arriba», lo cual en el contexto ruso tiene una relevancia mucho mayor.

Como cualquier esquema de negocios, el sistema de franquicias tiene sus grietas. ¿Cuáles de ellas se pueden encontrar en la Iglesia?

Archimandrita Iov: Desde el punto de vista de la dirección eclesiástica, el mayor defecto es que todo el mundo oculta dinero a todo el mundo. ¿Cómo determinar la cuantía o el porcentaje de las regalías si no se conoce el ingreso de la franquicia y no hay forma de calcularlo? Las donaciones de los feligreses y las ayudas de los patrocinadores son las más de las veces en efectivo. Además el sacerdote es una figura pública. Mantiene múltiples relaciones, en ocasiones recibe regalos que pueden ser de carácter personal. A fin de cuentas también puede ganar algo de dinero extra en otras partes: puede editar un libro, vender la verdura de su huerto si se encuentra en una zona rural... Pero la dirección se niega a entrar en estos matices: «Si eres pope, nos debes.» Esta es la lógica de la dirección.

Además el sacerdote nunca sabe lo que va a pasar mañana: puede perder a alguno de los patrocinadores, la gente puede traer menos donaciones, o le puede pasar algo al templo... Los vicarios afrontan los mismos riesgos pero las cantidades que se les exigen son mucho mayores. Para hacer frente a las dificultades se necesita algún fondo de estabilización. ¿Puede ser este tipo de ahorro calificado de ocultación de ingresos? Formalmente es exactamente eso: los párrocos ocultan las cuentas a los vicarios, los vicarios al obispo, los obispos a la administración patriarcal.

Arcipreste Piotr: Por desgracia, la devaluación del nombre de la Iglesia golpea en primer lugar a los mejores sacerdotes, a los que se rodean de gente pensante y se embarcan en importantes empresas culturales y sociales. Y atañe menos a quienes se dedican a prestar servicios rituales a visitantes ocasionales.

Pero también se corre el riesgo de sufrir pérdidas de reputación. Cualquier escándalo provocado por el «pope en un Mercedes» de turno rebota en muchos sacerdotes de buena fe. ¿O no es así?

Arcipreste Aleksandr: Estas pérdidas de reputación golpean más todavía en la autoconciencia de los propios sacerdotes. Nosotros, los clérigos, estamos acostumbrados, claro, a hacer transferencias al obispado. Pero últimamente no solo se nos exigen sacrificios económicos, sino también sacrificios de honor, si me permiten la grandilocuencia. Reúnen a arciprestes de blancas barbas para hacer de comparsas. Y no solo en procesiones rituales sino también en mítines disfrazados de plegarias colectivas. ¿Cuándo se ha dado algo así en el seno de la Iglesia? Y no solo se te exige que acudas, sino también que traigas a un determinado número de fieles...

En los documentos del patriarcado aparece la expresión «personal religioso». Ni en tiempos soviéticos se había humillado así al clero. Llevo más de treinta años sirviendo en la Iglesia, me entrego por completo, para cientos de personas soy como un padre y ellos son para mí como mis hijos. Y ahora resulta que soy «personal religioso». Yo ya soy un anciano pero la juventud no quiere servir en estas condiciones. Los seminaristas (e incluso algunos de los sacerdotes) más inteligentes se marchan y se quedan aquellos que no tienen adonde ir o los cínicos que no buscan más que llenarse los bolsillos. Porque no se puede confiar en la jerarquía eclesiástica y tampoco ser honrado; lo que pilles es para ti. Un enfoque como este destruye las conciencias y el sacerdote se convierte en un mercenario en lugar de un pastor.

Sabe usted, cuando a comienzos de los 90 había muy poco clero, se ordenó en el sacerdocio a muchas personas muy diferentes, incluso gente que tenía problemas psicológicos o legales. Se decía entonces que se habían matado a ordenar. Ahora existe un proceso selectivo pero es de carácter negativo.



¿Qué futuro tienen el sistema de franquicias eclesiásticas?

Arcipreste Aleksandr: Yo creo que tiene mucho futuro. La mayoría de los participantes se han acostumbrado. Si funciona, ¿para qué tocarlo? Pero el sistema en sí mismo contribuye poderosamente a llenar las filas del clero con gente cuya única virtud es la lealtad. Y a los seglares no se les ofrece nada más que poner velas y encargar plegarias. El resto simplemente no es demandado. Pero si la sociedad experimenta grandes cambios, aparecerán muchas y nuevas dificultades. El sistema de franquicias, tal como existe, está dando lugar a un proceso selectivo de carácter negativo. Pasará mucho tiempo hasta que se superen sus secuelas. Pero Dios está por encima de todos los sistemas. Además la ortodoxia rusa no es un esquema de redistribución de valores terrenales, sino una cultura espiritual milenaria que continúa definiendo la imagen de Rusia. Y esta, si se quiere llamar así, marca no es propiedad de un grupo de personas y mucho menos objeto de comercio. Pertenece a todo nuestro pueblo, como el aire, como el cielo. ¿Cómo se podría comercializar el cielo?

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