domingo, 28 de diciembre de 2014

¿Qué tiene de especial la homofobia en Rusia?


No hay otro país extranjero de cuya homofobia se hable tanto como de la de Rusia. Ni de Marruecos, que está mucho más cerca y donde la homosexualidad está penada. Ni de países amigos como Arabia Saudita que la castigan con pena de muerte. ¿Está sobredimensionada esa atención que recibe Rusia o hay algo especial en su realidad? Para entenderlo he querido repasar algunos aspectos sociales, legales e históricos de la situación del colectivo LGBT en Rusia.

Situación legal


Hasta 2013 Rusia formaba parte del grupo «gris», el de los países que no penalizan pero tampoco reconocen las uniones homosexuales. El año pasado la Duma decidió ingresar en el club de los que sí legislan contra los homosexuales, si bien, a diferencia de otros casos, se castiga únicamente el activismo LGBT (la llamada «propaganda de relaciones sexuales no tradicionales»). La homosexualidad como tal no está penada, aunque evidentemente dicha ley supone un obstáculo para su normalización.

Situación social



Son ampliamente conocidos los vídeos de agresiones grabados y subidos a la web por neonazis rusos que culminaron con la muerte de una de sus víctimas el año pasado. Más allá de los hechos más mediáticos, los estudios confirman que Rusia es un país inhóspito para los homosexuales. En concreto, la encuesta realizada este año por Pew Research Center en 39 países da como resultado solamente un 16 % de aceptación del hecho homosexual en Rusia.

¿Contraste entre situación social y situación legal?

Como hemos dicho, en lo legal Rusia ocupa un lugar intermedio entre los países que penalizan la homosexualidad y los que no la regulan. Si otorgamos valores numéricos a la clasificación propuesta en el mapamundi de la situación legal de la homosexualidad, nos encontramos, como es de esperar, una fuerte correlación* (0,84) entre el tratamiento legal del colectivo LGBT y su aceptación social.

Tres países (Turquía, Jordania e Indonesia) tienen una aceptación muy inferior a Rusia y, pese a ello, no han promulgado ninguna legislación específica contra la homosexualidad. También hay un país (Líbano) que muestra una mayor aceptación social que Rusia y, sin embargo, persigue jurídicamente a los homosexuales.

Por tanto, se puede decir que la situación legal rusa es algo más dura que en otros países, pero en general congruente con su contexto social.

Aceptación y conflictividad


La probada relación entre la homofobia y la exacerbación de roles de género —y, por tanto, de una masculinidad agresiva—, muchas veces se explica como mecanismo por el cual se mantiene la alerta en un entorno hostil (interno y externo). Basándome en ello, yo esperaba encontrar una fuerte correlación entre la aceptación de la homosexualidad y el Índice Global de la Paz del IEP. El resultado, sin embargo, fue inferior al esperado con un coeficiente de 0,57.

En todo caso, vemos a Rusia bastante alejada y por encima de la línea de tendencia. Es decir, si se toma dicho Índice como variable independiente y dado el altísimo nivel de conflictividad que muestra Rusia, resulta que es comparativamente poca la homofobia que encontramos allí.


Aceptación y desarrollo


Cuál es exactamente la relación entre la aceptación de la homosexualidad y el nivel de desarrollo es una cuestión compleja que queda fuera del ámbito de este post. Sin embargo, es fácilmente constatable la relación que entre ambos. Se obtienen unos coeficientes de 0,76 para la renta per capita y 0,73 para el Índice de Desarrollo Humano.

También en este caso Rusia presenta, junto a otros cuatro países, una posición desviada. Diríamos que se trata de poblaciones en que hay mucha homofobia para el nivel de desarrollo alcanzado. Como dato curioso: el país con más homofobia tras eliminar la influencia de la renta per capita... son los Estados Unidos.

Y otra observación interesante: Rusia e Israel ya acumulan dos rasgos en común: mucha homofobia para su nivel de desarrollo pero poca para su nivel de conflictividad.

Aceptación y religiosidad


Less Tolerance for Homosexuality in More Religious Countries

Aquí empiezan los datos realmente interesantes y significativos. Si se compara la aceptación de la homosexualidad con las actitudes religiosas (medidas con un índice de religiosidad elaborado por Pew Research) se halla una de las correlaciones más intensas: 0,78. Se confirma así que la homofobia es, ante todo, una cuestión de fe.

Pero vemos al mismo tiempo que Rusia es una notable excepción. Si se controla la variable de religiosidad, esta aparece, con diferencia, como el país con más homofobia de los analizados. Dicho de otra forma: la homofobia en Rusia está mucho menos vinculada a la religiosidad que en otros países.

Aceptación y educación


Como medida del nivel educativo de la población he cogido la tasa de alfabetización. Quizá habría sido más significativo utilizar la proporción de titulados superiores pero no he podido encontrar una fuente fiable de datos homogéneos para este indicador. De todas maneras, hay razones para pensar que el resultado no habría variado demasiado: Rusia no solo es el país más alfabetizado del grupo sino también el de mayor proporción de licenciados universitarios.

El coeficiente obtenido es significativo: 0,75. Y vemos que Rusia es en esta tabla tan excepcional como en la anterior. La homofobia en Rusia es muy superior a lo que «le correspondería» por el nivel educativo de su población.

La regresión

Desde 2007, la aceptación de la homosexualidad en Rusia ha bajado 4 puntos porcentuales. Acostumbrados a un avance lineal, los retrocesos siempre nos llaman la atención. En realidad, no es tan raro como podría pensarse. Sin ir más lejos, en el mismo período la aceptación de la homosexualidad ha descendido también en Polonia y en Francia (3 y 6 puntos respectivamente).

Además la dinámica generacional rusa es netamente positiva. El porcentaje de menores de 29 que aceptan la homosexualidad es superior a las demás franjas de edad (casi el doble en comparación con los mayores de 50). Sin embargo, en muchos países, sobre todo africanos y europeos (entre ellos Alemania, Reino Unido y España), se observa entre los jóvenes una aceptación inferior a otras franjas de edad.

En todo caso, lo que sí llama la atención en el caso de Rusia es que de una situación de alegalidad vigente desde 1993 se hubiera pasado en 2013 a un contexto legal represivo. Se trata de un retroceso legislativo casi único en el mundo.

El liberalismo ruso

¿Cómo ha podido esta ley ser aprobada por la totalidad de la cámara (salvo una abstención)? Cualquier respuesta será insuficiente sin una reflexión histórica previa.

La revolución sexual (directamente relacionada con el reconocimiento de la homosexualidad) fue un cambio profundo que, en un primer momento, estalló contra el statu quo, independientemente del color político de quienes detentaban el poder.

En Europa Occidental se enfrentó a una coalición de liberales económicos y conservadores sociales en el poder. Para entendernos, capital e Iglesia. La estructura binaria de la política de la Guerra Fría hizo que, a medio plazo, las reivindicaciones de libertad sexual fueran incorporadas al ideario de las izquierdas.

Por el contrario en la URSS la revolución sexual se produjo bajo el régimen soviético y contra el Partido Comunista, por lo que la defensa de los derechos LGBT se acabó situando bajo la bandera del liberalismo. El significado de «liberal» en Rusia nada tiene que ver con el europeo (liberalismo económico estrechamente unido a conservadurismo social) ni con el norteamericano (liberalismo de izquierdas, keynesiano, protector de las minorías y de una moral progresista). El típico pack liberal ruso incluye neoliberalismo económico y defensa de derechos civiles, incluidas las libertades sexuales.

Pues bien, en los años 90, tras las sucesivas convulsiones políticas, esos liberales fueron los que tomaron las riendas de un país que entró en una década de caos y devastación. Paulatinamente el régimen estabilizó la situación abandonando las recetas ultraliberales y desplazándose hacia las actuales posiciones conservadoras, parecidas a las de la clásica democracia cristiana occidental.

El liberalismo se hundió en el descrédito generalizado, confinado actualmente en un sector minoritario de Moscú, y arrastró en esa deriva las reivindicaciones de derechos civiles. He aquí una particularidad muy relevante de la situación rusa: las reivindicaciones LGBT se encuentran, en la configuración de fuerzas políticas y en el imaginario social, estrechamente unidas a las recetas de liberalismo económico.

La homosexualidad queda asociada al desastre. Un desastre, además, provocado, según la opinión dominante, por Occidente. Occidente, liberalismo, homosexualidad y desastre económico quedan así unidos en una amalgama cognitiva.

Coyuntura geopolítica

En la realidad rusa, especialmente en el retroceso legislativo, está una parte de la respuesta a por qué Rusia se ha convertido, para el público general, en el país más homófobo del mundo. La otra parte solo se puede entender si se tiene presente el actual contexto de escalada internacional.

Los derechos LGBT están siendo jugados como una baza, como una herramienta de propaganda, en el tablero geopolítico. Del mismo modo que en Rusia se ha formado la espuria asociación antes mencionada, aquí expresiones tales como «Rusia es un país homófobo» o «la homofobia rusa» contribuyen a crear una ideas-fuerza que constituyen relaciones igual de espurias entre Rusia-homofobia-agresividad-autoritarismo. No son mensajes para defender los derechos de los homosexuales. Son mensajes para atacar a Rusia, el enemigo número 1 del momento.

Identidad nacional

Al tiempo que el «enemigo exterior» (Occidente) y la «quinta columna» (sus aliados liberales) se apropian de las reivindicaciones LGBT, otros aprovechan para levantar la bandera de la homofobia como parte de la identidad nacional rusa con un éxito, por el momento, indiscutible.

En este contexto, las proclamas mediáticas contra Rusia —como el último vídeo de Conchita Wurst, Heroes, que sitúa a Putin a la cabeza de los líderes homófobos del mundo— no son silenciadas. Todo lo contrario: en este momento, probablemente causan menor resonancia mediática en Occidente que en Rusia, donde su publicación al momento provoca miniestallidos de odio en las redes sociales. Ante la decadencia occidental, «en Rusia los hombres siguen siendo hombres y las mujeres siguen siendo mujeres». Algo parecido a la «reserva moral de Occidente» castellana pero con internet y más de 140 millones de habitantes.

La normalización de la homosexualidad ya no se enfrenta a su enemigo habitual, la inercia tradicionalista, sino a toda una identidad nacional. Es probable que a eso mismo se deban las peculiaridades de nivel educativo y religiosidad anteriormente reseñadas.

Mientras las tradiciones van siendo superadas, las identidades se transforman. Combatirlas de frente normalmente no hace sino reforzarlas. Una derrota internacional del régimen actual o un vuelco social causado por la crisis económica no conduciría a mayores cotas de libertad en Rusia. Es harto ingenuo pensar como hacen algunos que la homofobia es un fenómeno «implantado» desde arriba que desaparecería con un cambio de gobierno. En este momento el único cambio de régimen posible en Rusia es uno que profundizaría en el repliegue del país sobre sí mismo y no haría sino agravar y perpetuar la situación que nos ocupa.

Las fobias se hacen fuertes en compartimentos estancos y se van extinguiendo con la apertura. Partiendo de esta premisa, se entenderá que solo un acercamiento entre Rusia y Europa puede crear unas condiciones favorables para el futuro de la igualdad.

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*Todas las correlaciones de elaboración propia se establecen a partir de los puestos ocupados por los países en las respectivas clasificaciones, no de los valores numéricos.

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