lunes, 10 de febrero de 2014

“Por dentro estoy preparado para cualquier desenlace”


El líder de la izquierda antisistema Serguey Udaltsov, bajo arresto domiciliario, ha concedido una entrevista a Gazeta.ru.Координатор движения «Левый фронт» Сергей Удальцов


Fotografía: RIA Novosti
03.02.2014, 16:34
Konstantín Nóvikov [periodista — NT]
Traducido por Antonio Airapétov para la revista Sin Permiso
El coordinador del Frente de Izquierdas Serguey Udaltsov habla en su entrevista para Gazeta.ru de la situación en que se encuentra el movimiento de protesta en Rusia, de las próximas elecciones municipales en Moscú, del auge del nacionalismo, y de Ucrania y la Unión Europea.
El 9 de febrero se cumple exactamente un año desde la reclusión de Serguey Udaltsov bajo arresto domiciliario. El tribunal del distrito Basmanny ya ha prorrogado en tres ocasiones dicha medida cautelar. La última vez, hasta el 6 de febrero [al día de hoy, Serguey Udaltsov permanece bajo arresto — NT]. Udaltsov y Leonid Razvozzháyev están acusados de organizar los masivos disturbios que se produjeron el 6 de mayo de 2012 en la plaza Bolótnaya y de preparar disturbios para otoño de 2012. La instrucción de la causa les acusa de infringir los artículos 212.1 (hasta 10 años de privación de libertad) y los artículos 30.1 y 212.1 (hasta 5 años de privación de libertad) del Código Penal de la Federación Rusa (FR). Mañana comienzan las vistas preliminares del proceso en el Tribunal Municipal de Moscú.
Serguey Udaltsov ha pasado un año prácticamente aislado: no se le permite recibir ni entregar correspondencia, no puede acceder a la web, llamar por teléfono ni recibir llamadas. No puede salir a la calle si no es para desplazarse hasta el Juzgado de Instrucción para conocer el estado del proceso penal. Solamente le está permitido el contacto con los instructores, con los abogados y con su mujer.
A petición de Gazeta.ru, sus abogados le han hecho llegar las preguntas de la entrevista a Serguey Udaltsov y han apuntado sus respuestas.

“Las reivindicaciones de las marchas de protesta han sido prácticamente olvidadas”

— ¿Qué le ocurre actualmente, en su opinión, al movimiento de protesta?
— Se lo diré claro, aunque puede que no guste a todo el mundo. El amplio movimiento de protesta que nació en diciembre de 2011 y al principio dio tal susto al poder, hoy prácticamente se ha desintegrado. Las causas son bastante evidentes.
Por un lado, el trabajo de las autoridades, que han conseguido neutralizar a los opositores más activos, desmoralizando de esa forma a los demás. Por otra parte, han tenido su lamentable repercusión las ambiciones de algunos líderes, así como el trabajo desde dentro de algunos “caballos de Troya”.
En consecuencia, las reivindicaciones de marchas de cientos de miles de personas (elecciones presidenciales anticipadas, cambios en la Constitución, reforma fundamental de la legislación electoral, reformas sociales...) han sido prácticamente olvidadas. El Consejo de Coordinación (CC) de la oposición ha dejado de existir y los “presos de Bolótnaya” siguen encarcelados.
Considero que la desintegración del movimiento de protesta es un gran paso atrás. Por eso, en primer lugar, todos tenemos que pensar ahora en cómo recomponer una cabal coordinación. Creo que, por el momento, se debería volver al menos formal Comité Organizativo de la oposición que funcionó con éxito hasta octubre de 2012 y organizó las protestas más masivas. Quizá su papel podría ser desempeñado por el Comité de Protestas formado recientemente por activistas de diferentes organizaciones y que ya ha llevado a término varias acciones en defensa de los presos políticos.
Lo más importante, desde mi punto de vista, es que los ciudadanos tengan fe en sus fuerzas y demuestren mayor iniciativa, en lugar de esperar a que les llegue la orden de algún lado.
— El 19 de octubre se certificó la defunción del CC. ¿Cuál fue el error de los organizadores? ¿Se podía haber evitado este desenlace?
— Con solo una o dos reuniones, yo ya tuve claro que muchos de los miembros del CC, por extraño que suene, no estaban interesados en un trabajo eficaz. Se podría clasificar a los miembros del CC en tres grupos: gente que estaba allí por casualidad (que ni siquiera terminaban de entender para qué se habían presentado al CC), saboteadores (que entraron en el CC para frenar conscientemente su labor y para sofocar el activismo y la protesta), y los opositores de verdad (los que querían realmente contribuir con su trabajo al desarrollo del movimiento de protesta). En consecuencia, estos últimos se encontraron en minoría.
Algunos, como yo, simplemente fuimos detenidos, y el trabajo, en la práctica, se estancó al topar con el muro del reglamento burocrático y demás casuística.
No daré nombres concretos, la gente que entiende de lo que estamos hablando ya lo entenderá. Lo único bueno que ha salido de esto es que ahora sabemos con quién no hay que hacer tratos en el futuro. Yo personalmente ya tengo hechas mis “listas negras” (risas). La conclusión general es sencilla: un exceso de formalismo y burocracia en esta fase de nuestra actividad conlleva grandes costes y estanca el trabajo.
— Las autoridades han anunciado que toman un rumbo hacia la transparencia y la competitividad en las elecciones. Representantes de la oposición pudieron presentarse en las elecciones del 8 de septiembre; militantes de Rusia Unida incluso ayudaron a Navalny y a Gudkov a recoger firmas entre los diputados municipales de Moscú. En Ekaterinburgo ganó Yevgueniy Royzman. ¿Hasta qué punto lo considera usted significativo? ¿Y cree usted que estamos asistiendo a una verdadera liberalización del procedimiento electoral?
— Me lo creería si se hubiera llevado a cabo una reforma radical del sistema electoral que ofreciera las mismas condiciones para todos los participantes de las elecciones y limitara al máximo las oportunidades para la falsificación.
Pero lo que estamos viendo es simplemente una trampa para la oposición en la que muchos lamentablemente han caído. Yo no tengo confianza en tales promesas.
Una vez fui a un encuentro con el ex presidente Medvédev. Se debatió la reforma política y también sonaron diversas promesas. Al final no se cumplió prácticamente nada. El objetivo de la élite actual es mantenerse en el poder el mayor tiempo posible. Simplemente están desarrollando nuevas técnicas de manipulación electoral. Cabe destacar también que las técnicas antiguas no han desaparecido: los filtros de los candidatos, el acceso desigual a los medios de comunicación, los “partidos-tapón”, y la persecución penal de los rivales.
Los continuos cambios legislativos tampoco ayudan a establecer unas reglas de juego definidas. Un claro ejemplo son las últimas iniciativas orientadas a incrementar la parte que corresponde a los electos de circunscripciones uninominales en los parlamentos regionales (en Moscú serán directamente el 100 %). Hace nada, las autoridades intentaban promover la construcción de un sistema de partidos y proponían a la oposición ser más activa en la construcción partidista. Ahora, como se han dado cuenta de que en circunscripciones uninominales es más fácil conseguir los resultados deseados, el viento ha cambiado de dirección.
Es decir, la legislación está siendo continuamente adaptada al interés momentáneo de las autoridades.
Por ello, éxitos aislados como la victoria de Royzman en Ekaterinburgo no deben confundirnos: el conjunto del cuadro no ha cambiado. Algunos representantes de la oposición pueden acceder a puestos secundarios de poder pero el sistema sigue siendo el mismo.
— ¿Cómo valora usted los resultados de las elecciones de otoño de 2013? ¿Sigue pensando que las elecciones deben ser boicoteadas?
— En el contexto actual, yo soy partidario del boicot. Pero de un boicot sólido y activo. En las últimas elecciones a la alcaldía de Moscú, cuando quedó claro que una parte de los candidatos serían apartados de la campaña (a mí particularmente ni siquiera me dieron la oportunidad de presentar los papeles para postularme, lo que, considero, fue una infracción de mis derechos constitucionales), yo propuse a todos los candidatos opositores retirar coordinadamente sus candidaturas y llamar a la protesta. Hubiera sido un gran golpe para las autoridades. Por desgracia, “son pocos los verdaderos locos” [referencia a una canción de V. Vysotskiy — NT]: muchos apasionados opositores solo sueñan con acceder al chollo de la Duma (por algo Putin no deja de subir el salario de los diputados). Por ello, de momento resulta imposible llevar a la práctica la táctica del boicot.
Los resultados del movimiento de protesta en las últimas elecciones no me entusiasman. No ha obtenido ninguna victoria seria y las acciones de protesta prácticamente han cesado.
Íbamos a las manifestaciones para pedir unas elecciones limpias. Y ahora muchos animan activamente a la participación electoral como si ya fueran limpias y libres.
El resultado es penoso. Claro que algunos han conseguido elevar sus índices de popularidad. Pero eso no es por lo que los chicos y yo estamos sufriendo los castigos del “Caso Bolótnaya”. Por desgracia, la mayoría prefiere satisfacer sus ambiciones personales o cumplir sus compromisos con el Kremlin. Por eso de momento vamos perdiendo.
— ¿Qué piensa de las próximas elecciones municipales en Moscú?
— Lo más probable es que los candidatos indeseables serán descartados en la fase de registro de las candidaturas. También se utilizarán otros métodos. Un objetivo máximo sería, como ya dije, un boicot activo. Los mínimos consistirían en crear un cuartel común de la oposición, consensuar la distribución de los candidatos más potentes entre las diferentes circunscripciones (para tener en cada circunscripción un “candidato único”) y luego trabajar para la victoria de esta “lista popular”. Si en una circunscripción desean presentarse varios candidatos opositores, celebrar unas primarias o hacer una encuesta de la población para elegir al más potente. Y por supuesto estar preparados para salir a la calle en caso de infracciones, no solamente después de las elecciones sino también en vísperas. Cualquier otra cosa supondría debilitar la protesta.
— A finales del año pasado, Vladímir Putin indultó a Mijaíl Jodorkovskiy, a lo que siguió una amnistía en el marco de la cual fueron liberadas, entre otros, las participantes del grupo Pussy Riot y cinco implicados del “Caso Bolótnaya”. ¿Cree que realmente se trata de un “deshielo”?
— Los discursos sobre el “deshielo” me hacen gracia. Han soltado a algunas personas que prácticamente habían terminado de cumplir sus condenas. Del “Caso Bolótnaya”, que al día de hoy es el mayor juicio político del país, solamente han sido liberadas unos pocos implicados, mientras que para la mayoría están preparando la cárcel. Por tanto, solo una persona ingenua o una que quisiera engañarse a sí misma podría llamar “deshielo” a estas medidas de propaganda previa a los Juegos Olímpicos. En realidad, solo es una ligera subida de temperaturas, más o menos de -20 a -15. Pero seguimos en invierno.

“Nunca hay demasiados líderes”

— Desde su reclusión bajo arresto domiciliario, el Frente de Izquierdas (FI) prácticamente ha desaparecido del campo de la información. ¿En qué estado se encuentra ahora la organización?
— Últimamente el Frente ha padecido fuertes acciones represivas: unos han sido detenidos, otros han abandonado el país para evitar la detención. Durante un tiempo, de hecho, estuvimos prohibidos. Varias personas clave que llevaban gran parte del trabajo han sido desactivadas. Razvozzháyev y yo fuimos detenidos, Aleksey Sajnín emigró, Konstantín Kosyakin ha muerto, Ilya Ponomaryov ha sido apartado de la actividad bajo presiones de la dirección de Rusia Justa.
Nunca hay demasiados líderes. La pérdida de varios a la vez ha golpeado duramente la capacidad de acción del Frente.
Pero tampoco observo una especial desmoralización: los chicos hacen lo que pueden. No se puede ocultar que el FI está pasando por tiempos difíciles pero yo creo que estas experiencias al final solo nos harán más fuertes. “Habrá nuevas victorias, se levantarán nuevos combatientes” [referencia a una canción de N. Dobronrávov — NT].
— No se oye al ala izquierda de la oposición en general. ¿Por qué cree que pasa? ¿Por qué la calle, hasta hace poco tan de izquierdas, ha dejado de serlo?
— Apresan a Udaltsov y acaba la protesta (risas). Para empezar, habría que destacar que el año pasado la “calle” en general se debilitó sustancialmente. Tras el auge de los años 2011-2012, comenzó un período de reacción y reflujo del activismo. Por lo que se refiere al movimiento de izquierdas, la situación es compleja. Cuando hablo de la necesidad de recomponer la interacción entre los diferentes grupos opositores, se entiende que lo primero es poner orden entre nosotros mismos.
El “pelotón de izquierdas” padece todos los males políticos conocidos: división, líderes con insanas ambiciones, excesos de pactismo con las autoridades, o al contrario sectarismos y radicalismos fuera de lugar.
Por eso es tan importante ahora para nosotros engrasar la coordinación interna del movimiento de izquierdas. Hace mucho que propongo crear un único centro de coordinación de fuerzas de izquierdas en que participen representantes de partidos parlamentarios y de las principales organizaciones “antisistema”. Ello podría reforzar nuestra participación conjunta en las campañas de protesta y en el desarrollo de movimientos sociales, permitiría coordinar eficazmente nuestras acciones electorales. Si no, las izquierdas serán desplazadas de la calle por los nacional-populistas y, en las elecciones, habiendo parido una decena de partidos, se estorbarán los unos a los otros, para mayor regocijo de sus oponentes.
Y por supuesto el movimiento de izquierdas necesita rostros frescos y cuadros jóvenes y enérgicos. Lamentablemente la política de cuadros del PCFR, sin ir más lejos, de momento no ayuda. Hay que cambiar lo antes posible o cabe la posibilidad de quedar fuera del proceso político: basta con ver lo que ha sucedido en Ucrania, donde las fuerzas de izquierdas son meras comparsas.
— Por cierto, ¿cómo valora los acontecimientos del “euromaidán”?
— La mayor parte de estos acontecimientos no resulta alentadora. Igual que hace diez años, cuando había que elegir entre dos candidatos de diferentes grupos oligárquicos —Yanukóvich y Yúschenko—, ahora hay que elegir entre el mismo Yanukóvich, los compañeros ideológicos de Yúschenko (Yatsenyuk y Klichkó) y auténticos neonazis.
Es decir, en diez años, la sociedad ucraniana no ha dado lugar a nada más progresista. Resulta triste.
Lo tendrán que decidir ellos mismos, claro está. A fin de cuentas, que celebren un referéndum y decidan en qué unión quieren ingresar: la europea o la eurasiática. Si quieren saber mi opinión, yo, por supuesto, soy partidario de la máxima integración entre Rusia y Ucrania. Lo que ocurre es que Rusia, al día de hoy, ofrece un rostro poco atractivo para tal unión. Y la culpa de ello no es sino nuestra.
— Dos partidos que se autodefinen de izquierdas están representados en la Duma del Estado y otros dos periódicamente lanzan mensajes de izquierdas y proclamas socialistas. ¿Significa eso que el partido del poder se ha quedado con la agenda de las izquierdas?
— El partido del poder y sus satélites hace tiempo que flirtean con las ideas de izquierdas porque esas ideas son muy populares en Rusia. Pero solo flirtean. La naturaleza del gobierno putiniano está muy lejos del socialismo. Un grupo de élite muy reducido controla las fuerzas productivas y las reservas de materias primas. La disponibilidad de partidos de izquierdas en el parlamento, al día de hoy es principalmente una puesta en escena, dado que no pueden influir en la toma de las principales decisiones.
Además, hoy en día, muchos en nuestro país confunden la idea de izquierdas con la idea conservadora de un Estado fuerte y autoritario. Pero son dos cosas muy diferentes.
Quiero destacar que mi oposición no se personaliza en Putin. Si el presidente asumiera un verdadero giro hacia la izquierda, yo le daría mi pleno apoyo. Pero para ello debería limitar, en primer lugar, las ambiciones financieras de sus muchos amigos que en estos años se han acostumbrado a vivir con todos los lujos. Revisar las criminales privatizaciones de los años 90, introducir un sistema tributario progresivo, crear órganos de control popular, apoyar el desarrollo de sindicatos independientes, agravar significativamente las penas por delitos de corrupción, así como adoptar toda una serie de otras medidas.
Y lo más importante: comenzar una transición de la ideología de rapiña y acumulación que predomina en el país a una ideología de justicia y creación. Putin no está dispuesto a ello y lo que vemos hoy en día es tan solo una reforma superficial, no una transformación del sistema.
Por tanto, la agenda de izquierdas sigue vigente. Pero tenemos que hacerla llegar mejor, con más claridad, a los ciudadanos. No llamar tanto al pasado y más al futuro. La idea de izquierdas es la idea de progreso, no la nostalgia por los “buenos viejos tiempos”. Aunque en gran medida realmente hubieran sido buenos.
— En el último año ha crecido bruscamente el nacionalismo de la sociedad. Hubo varios conflictos bastante importantes y muchos pequeños, muchos más que antes. ¿Con qué está eso relacionado, desde su punto de vista, y qué se puede hacer al respecto?
— El germen del nacionalismo está, a un nivel cotidiano, en todas las personas: es una especie de desconfianza natural hacia el extraño. Las personas racionales saben reprimir esos instintos primitivos. A aquellos que no saben controlar por sí mismos su enfermedad los debe meter en vereda el Estado (no solamente con medidas represivas sino sobre todo mediante la educación).
Pero por el contrario nuestro Estado últimamente se ha aficionado a flirtear con oscuros sentimientos xenófobos.
Lo hace, desde mi punto de vista, para canalizar la creciente energía de los ciudadanos descontentos con las políticas de las autoridades hacia el cauce del conflicto interétnico. Al mismo tiempo, sucios negocios con excelentes dividendos favorecen, con ayuda de funcionarios estafadores, la migración ilegal. Todo en conjunto conduce al incremento de los ánimos nacionalistas, especialmente entre los jóvenes. Es realmente una tendencia extremadamente peligrosa.
La oposición debe afrontar con gran responsabilidad este problema. Lamentablemente, al día de hoy, muchos políticos opositores compiten entre sí por hacer las declaraciones más nacionalistas. Claro que jugando la “carta nacional” se obtienen algunos puntos extra en las elecciones pero eso no dice nada bueno de tales opositores.
Desde mi punto de vista, la política opositora en la calle no debe dividir a nuestros ciudadanos por razón de etnia sino, al contrario, favorecer la unión de la sociedad sobre la base del internacionalismo, y explicar a la gente que sus principales problemas y desgracias son causados por la política de las autoridades y no por los foráneos. Sería estupendo que la oposición impulsara una Marcha de la Amistad a la que fueran invitados representantes de las diferentes comunidades étnicas.
— ¿Podría contarnos en qué punto se encuentra ahora mismo su proceso penal?
— Nuestro proceso penal fue una causa separada de la principal del “Caso Bolótnaya”. Los instructores entienden que Razvozzháyev y yo conspiramos con servicios extranjeros de inteligencia (representados por el malvado georgiano Guivi Targamadze) y nos entregamos de lleno a la organización de disturbios masivos. Las principales pruebas de la acusación son grabaciones realizadas con cámara oculta por personas desconocidas y entregadas al canal de televisión NTV, así como las declaraciones de Konstantín Lébedev que ha cerrado un trato con los instructores. Por supuesto, negamos tajantemente estas absurdas acusaciones.
Entre junio (cuando me dieron a conocer la versión definitiva del escrito de acusación) y noviembre del año pasado, me han estado llevando cada día al Juzgado de Instrucción. Podían haberme contratado a media jornada: pasaba 6-7 horas estudiando los 85 volúmenes de la causa.
Se trata de una lectura apasionante. Más adelante se podría hacer con estos materiales un buen guion para una película de espías, algo así como “TASS está autorizado para declarar” [serie soviética de espías — NT].
Sin embargo, medio año más tarde esta apasionante lectura llegó a su final y en diciembre el Juzgado de Instrucción remitió nuestro caso a la fiscalía para la aprobación definitiva de la acusación. La fiscalía lo aprobó todo y se lo hizo llegar al tribunal. Pero el 26 de diciembre el Tribunal Municipal de Moscú devolvió el caso a la fiscalía tras haber considerado que el pliego de cargos contenía errores en su redacción.
En concreto, el Juzgado de Instrucción no había definido concluyentemente qué testigos intervendrían por parte de la acusación y cuáles por parte de la defensa. Yo pienso que esta inesperada decisión del tribunal está relacionada con la voluntad de las autoridades de no estropear el festivo ambiente olímpico, por lo que han decidido retrasar un poco el comienzo de nuestro juicio, hasta después de los Juegos.
— ¿Cómo se encuentra usted bajo arresto domiciliario? ¿Cómo pasa el tiempo?
— Mi arresto domiciliario comprende la prohibición de abandonar el apartamento, de relacionarme con nadie salvo con mi familia más cercana y con los abogados, de utilizar el teléfono e internet. Llevo una pulsera electrónica en el tobillo que permite al Servicio Penitenciario Federal controlar todos mis desplazamientos. Hasta pueden hacer seguimiento de mi temperatura corporal.
Así que si —no lo quiera dios— me muero, los primeros en saberlo serán los de la inspección penal (risas).
Mis compañeros son los que llevan ahora mismo todos mis blogs en la web y los abogados emiten los comunicados a los medios de comunicación. En general, las principales noticias me van llegando, aunque no tan rápido como en libertad. Por cierto, que la práctica del arresto domiciliario todavía contiene muchas lagunas. Hace varios meses que no puedo visitar al médico para que me gradúe la vista. Conforme a las instrucciones del Ministerio de Justicia y del Servicio Penitenciario Federal, puedo llamar a una ambulancia pero la visita regular al médico no está prevista.
Sin duda, el arresto domiciliario obliga a desarrollar la autodisciplina. De lo contrario, se puede uno asalvajar, engordar y degradar. Por suerte, no tengo ninguna dependencia del alcohol, o podía haberme dado a la bebida.
La seguridad de tener la razón de mi parte, el ejercicio físico, los buenos libros y, por supuesto, el contacto con mi familia y con los abogados, que me apoyan mucho, ayudan a no relajarme.
Intento tomar apuntes, algo así como un diario, y voy escribiendo un libro en base a ellos. Quiero hablar de la oposición rusa, de nuestros revolucionarios. Dostoyevski en su momento escribió sobre este tema “Los Endemoniados”. Quizá yo llame a mi obra “Los Tontolabas” (risas). También voy adquiriendo algunos hábitos no muy sanos: por ejemplo, veo más la televisión y ahora me conozco los nombres de las series. Ahora podría debatir de tú a tú con las abuelas del portal.
— ¿Cuál fue la prueba más difícil para usted en este período?
— La conciencia de que meses de vida pasan en balde, la incomunicación, la imposibilidad de hacer algo útil. Encerrado en casa, como en un desván, una especie de “hombre superfluo” [personaje tipo de la literatura rusa del s. XIX — NT]. Al principio, eso me cargaba mucho psicológicamente. Ahora me he acostumbrado pero sigue siendo el principal problema. Me puedo imaginar lo intensamente que lo viven quienes están en aislamiento preventivo. El resto, a fin de cuentas, son minucias.
— ¿Cuál es su pronóstico para el caso? ¿Y qué planes tiene, en general, para el futuro?
— Por dentro estoy preparado para cualquier desenlace. No siento ningún miedo. Sé que soy inocente. Mis planes de vida son sencillos: seguir siendo una persona, superar las adversidades con dignidad, no traicionarme a mí mismo, a mi familia ni a mis amigos. Ahora no veo sentido en hacer unos planes más detallados. Solo puedo decir una cosa inequívocamente: que mis convicciones y mis principios no han cambiado en los últimos tiempos.

El presente texto fue apuntado y entregado por los abogados de Serguey Udaltsov.

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